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CARTA DE UN AMIGO FRANCÉS PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por UN AMIGO FRANCÉS (colaborador anónimo)   

 

    

Paisaje

 

     Si me lo permitís voy a hablaros de la competición. No para deciros lo que opino acerca del competidor, cuya maestría se realiza sobre todo en los masters de cotos intensivos, porque no quiero atentar contra su prestigio y sé que lo necesita mucho. No, sólo quería contaros cómo la competición consigue que se estropee y se pervierta un día de fiesta.

     Esto ocurrió en el suroeste de Francia a mediados de los ochenta.

     Cada año, en Septiembre, un club de mosqueros organizaba el campeonato de los Pirineos. Para la mayoría de aquellos que participaban - miembros del club y sus invitados - era ante todo la oportunidad de reunirse en torno a una mesa, de comer y beber bien, de escuchar y contar las hazañas de unos y otros, y de salir de pesca una vez más antes del cierre de la temporada.

     No se trataba de una competición oficial así que no era preciso reservar tramos de ríos ni repoblarlos como se suele hacer en las pruebas del Campeonato del Mundo para garantizar el espectáculo. No se necesitaban tampoco controladores para seguir a los pescadores. Los participantes eran gente de buena compañía, dignos de fe y reinaba una mutua confianza.

      El Domingo por la mañana echaron a suertes los tramos y cada uno, por sus propios medios, provisto del mapa detallado de su zona, salía cuando lo deseaba a por el Garona, el Pique, el Ourse o el Neste. Una sola consigna: volver al hotel por la tarde a la hora del aperitivo con sus presas para el pesaje (era antes del advenimiento de la captura y suelta), las cuentas, el palmarés y la entrega de los premios.

    Hablemos de premios. Los había para todos: copas, medallas, material de pesca con mosca, para recompensar a los mejores mosqueros, al mejor niño, a la mejor señora, al que había pescado la trucha más gorda, al que había pescado más que otro... En fin, todo había sido pensado para mantener un buen ambiente.

     Sin embargo, aquel año hubo un problema.

     El pescador que consiguió la pesca más grande, un invitado de la región vecina, presentó peces que hicieron pestañear a algunos en la asistencia. Primero, su frescura dejaba mucho que desear, pero sobre todo las pintas y el tamaño no correspondían en nada con las truchas que poblaban su río. Sin ninguna duda, nuestro hombre había venido a concursar con truchas en su nevera.

     ¿Es que se iba recompensar a un tramposo?

     Algunos de los participantes se fueron a protestar discretamente ante el presidente del club. Éste les contestó que no le había engañado, pero también que estaba en un buen aprieto. En efecto, nuestro pescador era el director de la empresa distribuidora de cañas que esponsorizaba el encuentro y había regalado la mayoría de los premios para los galardonados.

     Así pues, no se armó un escándalo y el tramposo fue proclamado Champion des Pyrénées. Tuvo derecho a reportajes en la prensa diaria regional y en las revistas de pesca nacionales. Lo que era excelente para él comercialmente y en el plano de su carrera.

     El miembro del club a quien se le robó la victoria se tragó su frustración y el presidente su vergüenza. En este acontecimiento, algunos vieron la ilustración de que decididamente no hay sitio para la competición dentro de un club de compañeros; algunos otros, más cínicos, se pensaron que no se podía encontrar mejor medio para que se revele la verdadera naturaleza de los hombres.

    

     Al "Motín de la Trucha" que habéis apartado estatutariamente cualquier referencia a la competición.

     Con vuestro permiso, querría felicitaros por vuestra sabiduría

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