| EN BUSCA DE LA PLUMA PERDIDA |
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| Escrito por José Miguel Centeno | ||||||
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Estando encima los hielos ya es difícil disfrutar de un buen día de barbos, por ello, tenemos que empezar a hacer lo que nos gusta a los mosqueros cuando no podemos ir a pescar…Está claro ¿no?. Como nos va la pluma, aunque también lo hacemos a pelo -todo hay que decirlo-, ante su escasez, nuestra asociación, en reunión extraordinaria y ante la urgente necesidad, comisionó a una terna de miembros para que se desplazara al valle de la pluma. Debido a lo sacrificado de la misión, y para no cargar tanto de actividades a los restantes socios, se decretó que iríamos dos miembros de la directiva, asesorados por el socio de mayor y larga experiencia en el tema (la primera sílaba de “de-cretó” creo que debe venir de democrático). Por ello, y con la desgana que provocan misiones tan complejas y trabajosas, y que requieren de una previa preparación mental, a pesar, de que el Instituto Nacional De Meteorología anunció el 100% de posibilidades de nieve en la provincia de León, nos dirigimos resignados a tan alta empresa. No habíamos hecho 50 Kms, cuando decidimos parar a tomar un café, no sea que debido a las inclemencias del tiempo tuviéramos que dar la vuelta. En esas, nos fuimos a “Los Alpes”, no a los suizos, sino a los de Barcial del Barco, donde después del café nos “forzaron” a tomar un chupito de orujo blanco (¡¡debía haber una ley contra la Violencia Hostelera!!). En honor a la verdad y a la legalidad, he de defender que nuestro presidente, que era quien conducía, tomó el café con “gotas”, por supuesto también obligado. Creo -porque no podía mirarle- que incluso le torturaron. En ruta de nuevo, a través de caminos, puentes, desfiladeros y cañadas, haciendo mías las palabras del poema de Manuel Machado, “El ciego sol, la sed y la fatiga, por la terrible estepa castellana, al destierro con doce de los suyos, polvo, sudor y hierro, el Cid Cabalga” subimos por el valle del Esla hasta llegar a León, donde nos desviamos por el otoñal y nevado valle del Torío. No tengo palabras para describirlo, y decir precioso, aunque reitero que nos va la pluma, además de escaso quedaría cursi. El cielo gris humo, el agua plateada, los árboles desnudos en los que se descubrían desprotegidos nidos, y los prados de ribera blanqueados por la nieve. Bucólico ¿verdad?. Hablamos incluso de que yo me podía quedar a pescar, y ya me recogerían a la vuelta en algún puesto de la Benemérita. Pasada La Valcueva y Campohermoso, por fín llegamos a La Vecilla de Curueño. Tres grados bajo cero. Allí decidimos adentrarnos en una cafetería, donde parece ser que no tenían café, nos amenazaron y no tuvimos más remedio que tomar el vermouth con unas tapas de alas de pollo, que salvo que nos hagan la autopsia, no sabremos ya si eran de indio o de pardo. Cumpliéndose el ritual que mis compañeros Miguel y Chaqui llevan años realizando, y en el que yo me inicio este, llegamos a nuestro destino, donde nuestro amigo y criador de Gallos de León Quino y su esposa nos recibieron en su casa con el hogar de leña encendido. Tras el recibimiento y las presentaciones, charlamos sobre el tiempo, la leña, la salud, la familia, la vida…; finalmente nos enseñó la ansiada pluma, y elegimos la que nos convino. Misión cumplida. Ahora había que volver, pero en un lance de valor decidimos que nos sacrificaríamos. Tocaba lo más duro de todo, buscar un sitio para comer y comerlo; no al camarero claro. Nevando, camino de Boñar, atravesamos el Porma, pero el destino quiso que no parásemos allí y nos dirigiéramos a Remellán, concretamente a la Venta de Remellán, donde nos ventilamos un potaje de garbanzos y tortilla de patata al punto, regados con un Ribera de Duero, y unas natillas con la maría de toda la vida, café y chupito. Este último, como es de recibo, bajo presión. Recomendamos desde aquí, que como nos ha sucedido a nosotros, si no tenéis más remedio, os sacrifiquéis y vayáis allí. De vuelta, también nevando, bajamos por el valle del Porma hasta el Puente de Villarente y desde allí enfilam Para el año que viene, socios, agarraos los machos, porque hemos pensado repartir más las responsabilidades, y a los que le toque acompañarnos al Valle de la Pluma y comer el cocido de la Venta de Remellán, que apechuguen.
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os a Zamora, no sin antes parar de nuevo, principalmente por el efecto diurético del chupito,