LA OTRA PESCA PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por IVÁN S. RAMIREZ DE LA PARRA   

     En el extenso mundo de la pesca hay muchas modalidades y diversas formas de contarlas, pero he aquí una de las actividades paralelas a la misma, practicada generalizadamente, y que consiste fundamentalmente en reunirnos y contarnos, e incluso mentirnos en cuanto a las virtudes de tal o cuál mosca, en tal o cuál río, con tal o cuál trucha... Todos pescamos mucho y bien. No existen los "bolos", porque trucha que vemos merodeando a nuestro alrededor, la imaginamos ya en nuestras manos y esa también cuenta. Pero yo voy a contaros lo que casi nadie cuenta, y que como nuestras mujeres (las de algunos) piensan que estamos mal de la cabeza, nos serviría como terapia de grupo. Os animo.

     Aun recuerdo un día de Mayo, en Sejas, con mi primera caña, una ABU de 8,6 pies L-5, "muy mosquera", que antes de su primer uso partió cual palillo en boca de ogro, cuando apoyada sobre el coche con la puerta abierta una traidora ráfaga de viento la cerró fatalmente... ¡vaya carita se me quedó! Aprendí la primera lección: ¡¡¡Ojo dónde se ponen las cañas!!!

     En otra ocasión, no muy distante en el tiempo, en nuestra querida Camarzana (ahora destrozada) vi sucumbir el puntal de mi caña en un ataque de una ninfa, ¡Sí! ¡Sí! como lo oís, tranquilos en el cauce, la trucha y yo, vimos asombrados una poderosa ninfa del 8 bien plomada que se abalanzó sobre mi caña cercenándola de un solo tajo y para siempre. El amigo Taqui me lo solucionó. Comprendí entonces el odio existente entre caña y ninfa, por eso rehuyo de su uso, por si acaso... 

Un río cualquiera

     Con la caña ya dispuesta, igual que el pescador, sumergido de nuevo en las aguas del Tera me invadieron las ganas de miccionar. Yo no quería salir del río, estaba ejecutando una clase se pesca con ninfa a la mas ortodoxa de las técnicas, "Pablo Castriles", pero como yo no soy él y el éxito no me acompañaba, coloqué la cañita en unas piedras y procedí. ¡Cuál no sería mi sorpresa! Cuando salía el chorro del miembro  vi cómo la corriente se llevaba mi línea derivando locamente río abajo, y más aún, cuando el chorro se convertía en gotas, vi saltar una trucha en medio de un chapoteo brutal, y yo, con la otra "caña" en la mano... tirando de la línea con la mano, y con la chorra fuera, me hice con el salmónido suicida...y le salvé la vida.

     El más glorioso de los días fue muy divertido. Por fin pude ir a Trefacio con un amigo al que tenia ganas de llevar. Una vez vestidos para la ocasión, nos separamos emplazados a la hora del taco. Nada mas poner mi primera mosca en el bajo....."ZAS" - ¡No! ¡No! ¡No! - pico otra vez, mi amigo el vientecito me voló 15 0 20 moscas que tras una dedicadísima posada fueron ingeridas sutilmente delante de mis narices por esas pequeñas truchillas trefacianas. No acabó la cosa ahí. No volví a ver a mi amigo hasta la hora de irnos. Él me buscaba, pero no podía encontrarme por que yo no estaba en el río. Estaba agachado de mata en mata escondido de los ojos de la humana gente para no mostrar el lamentable espectáculo de un pescador con cagalera y el vadeador por los tobillos. Llegué con el culo como la bandera de Japón. ¡Vaya día! Jamás lo olvidaré... 

     Habría mil anécdotas para contar, pero ahora se me vienen estas florecillas a la cabeza....

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