| LA PESCA A MOSCA Y LA MADRE QUE LA PARIÓ |
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| Escrito por Paulino Concejo García | ||||||
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Éste sería el título del libro que creo podría escribir sobre el asunto que nos ocupa. Desde que por primera vez en mi vida, en el 98, observé en Puebla de Sanabria a un tipo que manejaba la cola de rata (Emilio Fernández Román, escritor y articulista en revistas de pesca), quedé enganchado; y aunque nunca creí tener conocimientos suficientes para escribir sobre ella, hoy me atrevo con este artículo, convencido totalmente de que sigo sin tenerlos. Creo que he incurrido en todos los errores en los que puede caer cualquiera que empieza con la técnica. Tanto es así, que muchas veces he pensado que otro libro de los que podría escribir se titularía “Pesca a mosca. Todo lo que no se debe hacer”. Sería otra forma de aprender a pescar aprendiendo por descarte. En todo caso, todo el tiempo pasado en el río con la caña de mosca, bolo tras bolo, día tras día (sí Perico, aunque suene a lamentación de llorón puedes preguntarle a tu tocayo, testigo de lo que cuento) a estas alturas no lo doy por perdido, y hace que las capturas de ahora las disfrute mucho... ¡pero mucho!. De vez en cuando, tiro de los primeros libros comprados o de viejas revistas. En ellos está todo lo necesario para pescar. Lo explican todo, y cualquiera que siga las instrucciones pescará. Pero a mi modo de ver, hay 3 puntos muy importantes en los que quizás no se pone el énfasis necesario, y aunque creo que casi todo el mundo los cumple, los mencionaré aunque solo sea para contentar a José Miguel, que dice que somos unos perros y no nos molestamos en darle vidilla a la página (y tiene razón). El primero y fundamental es el acercamiento al “bicho”. Recuerdo sobre este tema, haber tenido hace tiempo una conversación con Alfonso, ya que habíamos leído un artículo en Dánica sobre los grados de alerta de la trucha que nos gustó. En dicho artículo, observaba el autor, que podemos acercarnos a una distancia corta y encontrarnos con el pez totalmente “despreocupado”, “mosqueado”, o dándote cortes de manga debajo de una piedra mirando hacia tí. Naturalmente, si el estado es “despreocupado”, podemos poner en práctica todas las argucias y técnicas que conozcamos; si está “mosqueado”, podremos esperar a que se confíe y volver al punto anterior; pero si está espantado, nos ha oído, o nos ha visto no vamos a tener ninguna oportunidad de engañarlo, ya sea con lances curvos teledirgidos al suroeste con bucle negativo y doble salto mortal, ya sea presentándole una mosca tan realista que se le note cómo mueve las alas de contenta al palparse el abultamiento hormonal antes de la cópula. Y claro, ¿cómo coños sabemos en qué estado está la trucha si la mayoría de las veces ni tan siquiera la vemos, si lo único que hemos visto es una pequeña cebadilla? Vamos, que podemos perder una hora detrás de esa trucha que se ha ido a su guarida, lanzando una vez tras otra, volviéndonos locos, cambiando el bajo, disminuyendo el tamaño de la mosca ... qué os voy a contar. La segunda es la presentación de la mosca, o sea, el momento en que dices: - “ trucha, te presento mi pardón”. Creo que una buena presentación hace que tengas muchas posibilidades de engañar al bicho... Y todos dirán: - ¡¡¡pues claro hombre de Dios, eso ya lo sabemos!!! Bueeeeno, que me refiero a que no hay que fustigarse con un látigo de siete colas si la mosca baja dragando o se prepara un cagarruño cada vez que lanzamos; que intento decir, que a mi me ha funcionado bien poner un bajo de 9 pies, acabado en un 18 y añadirle un tramo del 16 de 60 cms, otro del 14 de 60 cms, y otro del 12 de 120 cms, y a cortar palmo en palmo conforme se comporte, sin entrar en que sea una corriente fuerte, una tablada lenta, etc. y necesite una fórmula especial para pescarla. Seguro que a todos os ha pasado que volviendo al mismo río que has estado el día anterior, que parece que el día climatológicamente está igual o muy parecido, que parece que la brisa es la misma, que llegas al lugar con el mismo coche y la misma merienda, y va el cabrón del bajo, que el día anterior te había ido de cojones, y ese día, cada vez que lanzas queda la mosca tres metros por detrás de ti, o también, que a la primera que lanzas se oye un latigazo, y tu ignita de la suerte a t.m.r. p.r c.l. (ésto es una forma fina de decir que a tomar por culo). El tercero, y así dicho parece una perogrullada y posiblemente lo sea, es pescar más e insistir en los lugares que por sus características parezca que es donde está la trucha. Todos saben porque lo han leído, porque lo han visto, o por experiencia propia las zonas donde se encuentran los bichos; esas corrientes donde se ponen cuando hace calor, o esa pocita al lado de la orilla que pocos conocen y casi no se ve, donde casi siempre sacaste algo, vamos, como dice Iván, “los sitios de libro”. A eso me refiero. Si hay que insistir porque no entran en ningún lado, que sea en un buen sitio donde la Fé, tan importante en la pesca, no nos abandone. Y San se acabó, que no hay más que decir, bueno... sí que hay otra cosa importante: recuerdo pocos días de grandes pescatas o truchísimas gordísimas (lo de truchísima me ha gustado, me la quedo), en cambio, recuerdo muchos días de buenos almuerzos con buen vino y buen "burbon "(o como coños se escriba), rodeado de uno o varios buenos amigos. Si algún día se me acaban los amigos, se me acabará lo mejor de la pesca; en cambio si algún día se acaba la pesca, seguiré haciendo no sé qué con mis amigos. ![]()
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